En una extensa columna publicada en Index On Censorship, Colin Greenwood habla de lo que motivó el bien conocido esquema de distribución de In Rainbows, cómo surgió la idea y el panorama actual del ambiente digital frente al cada vez más decadente sistema tradicional.

Sin embargo, lo que más llama la atención es que Colin menciona que tienen “grupo de canciones terminadas”, y que la forma del lanzamiento del disco está en pláticas, pues el “panorama digital de nuevo ha cambiado”, lo que les hace necesitar de una estrategia efectiva para lograr el éxito que obtuvieron con el último disco.

Contamos con una traducción de toda la columna escrita por Colin, que a continuación reproducimos.

Libérate

Ya han pasado casi tres años desde aquella vez que anunciamos nuestro esquema de “paga lo creas que vale” para el lanzamiento de nuestro último disco: In Rainbows. Recuerdo la emoción de todo en el momento, pues el día de la publicación del disco también fue el cumpleaños de mi esposa, el 10 de octubre. La idea provino de un amigo de nuestro manager, quien propuso una “urna de honestidad”, preguntándole a la gente en cuánto valoraban nuestra música y dejándole esa responsabilidad a ella. En meses anteriores, a medida que fuimos terminando más grabaciones, empezamos a pensar y a hablar sobre cómo lanzarlas. Así que nos pareció buen momento de tomar parte de los cambios tecnológicos y culturales que han ocurrido durante este último tiempo.

En agosto de 2007 teníamos finalizado nuestro disco después de haberse terminado nuestro contrato con EMI. Anteriormente ya se lo habíamos dado a nuestra compañía disquera al menos tres meses anticipadamente, y luego entonces vino el extenso periodo de reuniones para decidir los videos y los sencillos, experiencias por las que ya habíamos pasado en los seis discos previos. Esta vez no hubo EMI, ni nadie que decidiera nada salvo nosotros mismos. El disco era rotundamente nuestro y podíamos hacer lo que deseáramos con él. Esto coincidió con el crecimiento de Internet como un medio para descubrir y compartir música, lo que nos hizo con fans mientras grabábamos In Rainbows. Lo que nos orilló a emplear la tecnología fue la desconfianza y la frustración al tratar de transmitir nuestra música a través de los medios tradicionales, como la radio y la televisión. La música en la televisión escasea y es difícil hacerla bien. La radio tiene listas de reproducción tan reguladas que los locutores tienen suerte de poder poner al menos una canción que ellos deseen por show. ¿Por qué elegir tales formatos tan apretados cuando se puede transmitir directamente a la gente interesada en ese momento?

Lo otro que nos atrajo fue el evocar un acontecimiento, un modo que marcara nuestras presentaciones como momentos únicos y especiales. Internet permite fácilmente presentar todo en vivo, y eso fue lo que nosotros hicimos. Mientras estábamos en el estudio, realizando las últimas canciones, programamos dar unos web casts de “último momento”, y también, con poca antelación, hacer pequeños y espontáneos programas improvisados donde tocáramos nuestras canciones favoritas, hablarles a los fans, tocar en vivo nuevas y viejas canciones e inclusive hacer covers de canciones de bandas que nos habían inspirado. Todo ello se juntó en viejas cámaras Sony y editores de video obtenidos de eBay. Sí que se sintió como una emisión ruritania, pero fue emocionante el compartir un momento en vivo con nuestros fans que no fuera mediado por nadie salvo el proveedor de Internet, y el hecho de haber creado un show en diez minutos desde casa. Me agradaría pensar que el equivalente a esto en la historia de la transmisión fueron las transmisoras de radio familiares que se establecieron en los Estados Unidos durante la guerra, cuando un nuevo medio era explorado a través de la comunidad inmediata. De la misma manera, vimos Internet como una oportunidad de tratar como nuestra comunidad a todos aquellos fans potenciales. Nos ayudó también a romper la tensión en el estudio y nos hizo sentir menos encerrados y aislados mientras completábamos las grabaciones.

Contra toda esta experiencia positiva de emplear la tecnología digital, habíamos tenido una mala experiencia con el disco anterior cuando alguien tomó algunas de las canciones de una computadora y las puso en línea, muy anticipadamente al lanzamiento oficial. Todos empezamos a ser muy cautelosos al andar trayendo canciones en el coche, en discos, en reproductores musicales y en computadoras. Con eso uno se da cuenta de cuán sencillo es guardar y transmitir música una vez que se digitaliza, y que el aspecto fundamental de la música es que su destino es ser transmitida o compartida. Parte del proceso de realizar un nuevo disco involucra escuchar nuevas canciones o ideas en lugares distintos: el coche, la cocina, con los amigos durante la noche. Sentir leve ansiedad por esa música que se escapa por la Web no conduce mucho a ese proceso, por lo que hubo algo de pánico. Afortunadamente, nos las arreglamos para mantener todo inédito hasta el momento de la descarga en línea de In Rainbows.

El éxito de mantener la música lejos de Internet hasta el lanzamiento probó ser muy efectiva. Si hubiera sido publicado en un entorno no digital habría requerido tal vez de algunos shows, filas fuera de las tiendas para adquirirlo y planes por parte de la compañía para destacar el lanzamiento como un acontecimiento. En el mundo digital, con la facilidad de fuga de la música en línea, el sentido de se acontecimiento se ve disminuido.

Con In Rainbows pudimos ser los primeros en publicar digitalmente nuestro disco directamente a las computadoras de la gente, a las 7:30 am (GMT) el 10 de octubre de 2007. Estaba desayunando y vi cómo el archivo aparecía en mi email, y luego el disco copiándose a mi escritorio. Pasé después día y noche supervisando las reacciones a través de Internet de la gente tanto a la música como al medio de distribución. Muchos periodistas estadounidenses se desvelaron para escribir las primeras reseñas mientras iban recibiendo la música. En el periodo no digital habrían contado con copias desde tres semanas antes. En los foros de torrents la gente discutía sobre que debían acudir a nuestro sitio para bajar el disco y pagarlo, en lugar de bajarlo gratis por torrents. Varios folletistas y expertos en línea auguraban el fin del mercado de discos, o el de Radiohead, o el de ambos.

Para todos los vertiginosos pronósticos, la razón más importante del éxito de In Rainbows fue la calidad de la música. Me parece que esto se pasó por alto, pues sin las geniales canciones de las que estamos orgullosos el lanzamiento digital no habría valido de nada. Tengo una actitud optimista de que si haces un buen trabajo, aseguras el patrocinio de tus fans.

Tres años después, hemos terminado otro grupo de canciones y ya nos empezamos a preguntar cómo las vamos a lanzar en un panorama digital que de nuevo ha cambiado. Tal parece que ahora es más difícil poseer música en un modo tradicional, en un objeto físico como un CD, y en lugar de ello la música parece el primo pobre del software, transmitida o encerrada dentro de un aparato portátil como un teléfono o un iPod. Difícilmente adquiero ya CD y mejor obtengo mi música de diferentes fuentes: Spotify, iTunes, listas de reproducción de blogs, podcast, streaming en línea. Ver esto hace que me de cuenta que mi apetito por la música es igual de fuerte que cuando tenía 13 años, y cuánto dependo de la distribución digital. Al mismo tiempo, encuentro que mucha tecnología es frustrante y opuesta a la intuición. Invierto mucho tiempo usando software de producción musical, pero iTunes se siente anticuado. Desearía que fuera tan simple y elegante como el hardware de Apple. Entiendo que hemos llegado a ser nuestros propios emisores y distribuidores, pero extraño la editorialización de la música, las influencias curacionales de personas como John Peel o un buen sello musical. Me gustó estar en un sello discográfico, al igual que Blur, los Beastie Boys y los Beatles.

No estoy convencido de que Internet haya remplazado el club o la sala de conciertos como un foro para que la gente comparta ideas y pasiones acerca de la música. Los modelos sociales como Twitter y Forsquare son los primeros esfuerzos en esto, pero aún les queda camino por recorrer para emular el ecosistema al cual los sellos musicales como Island Records han recurrido, los interconectados mundos de club y estudio de los managers, músicos artistas y compañías discográficas disidentes, por no hablar de pagar por un entorno tan fértil. Shoreditch, al este de Londres, vive momentos efervescentes ahora mismo con sellos musicales independientes como Wichita, Bella Union, y compañías de distribución como The Co-op, así como el muy ocupado estudio Strongroom studio. Le dije a un amigo, Dan Grech-Marguerat, sobre esto. Él es un mezclador y productor muy solicitado, y me dijo que él simplemente puede sentarse en casa y trabajar con la computadora, pero que extrañaría todo el “buzz” social y los beneficios de trabajar en Strongroom y otros estudios.

Hay indicios de que Internet está creciendo de su adolescencia y se está preparando para dejar su dormitorio. He notado en los foros de mensajes que muchos de los contenidos y las conversaciones han madurado, que han cambiado el repetitivo chateo y el trolleo por discusiones sobre artistas, gustos y otros tendencias, muy cercano a lo que se lee en revistas musicales.

Como ningún otro medio presente, existe menor interés en el lado tecnológico de la Red y mayor enfoque en los servicios que puede ofrecer. La gente utiliza dispositivos táctiles y controlados por gestos como el iPad para mirar a través de esos objetos y obtener el contenido que quiere. Esta transparencia y prontitud nos emociona mucho a los artistas, pues nos acerca más a nuestra audiencia.

Tenemos todavía por decidir cómo vamos a lanzar nuestro próximo disco, pero espero que estas impresiones parciales ayuden a dar una idea de las conversaciones que hemos tenido. Los mercados y medios tradicionales se sienten añejos. Los supermercados representan alrededor del 70% de los CD vendidos en el Reino Unido, las listas de éxitos son dominadas por los shows de talento en TV, y nosotros estamos intentando encontrar formas de poner nuestra música que se sientan tan bien como la misma música. La habilidad de poder decidir su lanzamiento, a través de las nuevas tecnologías, es lo más formidable de todo.